Un pensamiento mágico sobre tí.


En psicología, un pensamiento mágico es aquella creencia que no se basa en ningún argumento científico o válido objetivamente, si no es una idea que nos formamos sin bases para explicar algunas cosas. Es un pensamiento clásico en niños o en algunos trastornos, pero todos podemos experimentarlos alguna vez en la vida.

Yo soy una persona que tiene muchos pensamientos mágicos, me gusta creer que mis sucesos de vida están escritos en el destino y que mi suerte depende de cuántas pulseras rojas lleve en la mano o cuántas monedas de plata estén dentro de mi billetera. Soy una mujer lógica, sí, pero cuando es difícil para mí buscar una solución recurro a la magia y las supersticiones. Por eso, uno de mis pensamientos mágicos más fuertes es sobre tí, porque nunca pude comprenderte con lógica ni ciencia.

Es gracioso, no nos vemos hace años, yo decidí que fuera así, pero cuándo pasó por fuera de tu casa, siempre recuerdo la vez que pensé desesperada porque no sabía como te sentías: “Si ese auto azul sigue ahí, entonces él todavía piensa en mí, entonces todavía me quiere” y cada vez que veo el dichoso auto azul estacionado en la vereda mi corazón da un brinco, a veces de felicidad, otras de melancolía y también por qué no, algunas veces de hastío.

¿No es ridículo? Estuve años tras de tí, a pesar de que nunca me dijiste que te gustaba, a pesar de que nunca quisiste ponerle un nombre a nuestra relación y cuándo por fin decidí que te dejaría partir, que me dejaría ser libre de tu presencia, te recuerdo en pensamientos mágicos.

Pensamientos mágicos sin ningún sentido, porque nada indica que sigues pensando en mí. No hay una razón científica para saberlo, ni ahora ni tampoco cuándo estábamos juntos y un día me decías que nos casaríamos y al otro que estabas confundido y no sabías que querías o si me querías.

Hoy no hay forma de saber si piensas en mí, sólo tengo la prueba de que me amaste porque decidiste escribirlo, nunca pudiste decírmelo a la cara pero me lo mandaste por mensaje, que me amabas, que era el mejor capítulo de tu vida… Pero decidiste mencionarlo cuándo mi amor ya se había enfriado, cuándo no estaba pendiente de nosotros si no de mí y te tuve que decir que no. Que no te amaba, que no podíamos estar juntos.

Y sufría, sufría porque aún cuando estábamos juntos nunca me sentí junto a ti, imaginaba el día en que te pasara algo y nadie me llamaría porque no sabían que estábamos juntos. Imagina lo doloroso que es pensar que la persona que quieres podría necesitarte pero no poder pedirte ayuda. Te quise, sí, pero no puedo decir que fui feliz.

Por eso, no me arrepiento de mi decisión, porque sé que no podríamos haber llegado a nada más, porque estábamos acostumbrados a nadar en circulos, terminar y luego reencontrarnos y empezar otra vez, con los mismos planes, con los mismos problemas.

Pero cuando veo el auto azul… Las posibilidades aumentan, mi decisión se nubla y nos recuerdo riendo.

Llego a tener el pensamiento mágico de que estamos juntos en otro universo, dónde tú si expresas tus emociones y dónde yo no te necesito al punto de ahogarme en lágrimas. Donde usamos lentes de sol en invierno porque nos da risa, y no porque yo tenga los ojos rojos y tú ojeras. Donde hayamos partido en un inicio por un camino recto que nos llevaría a casarnos y tener esa vida que en algún punto ambos quisimos pero nos dio miedo pedírsela al otro.

Así que, a pesar de que no me arrepiento, hay días en dónde te extraño porque sé que fuiste el amor de mi vida y temo que nunca podré olvidarte lo suficiente como para no comparar a los demás contigo.

Y tengo el pensamiento, cuando veo ese auto azul, que tú también piensas lo mismo, a pesar de que no tengo pruebas ni tampoco un conocimiento objetivo, pero creo que el destino nos hace sentir igual, sólo durante un segundo al pasar nuestras vidas.

Y espero que estés bien, que no me necesites como alguna vez lo temí, porque yo no te necesito, pero a veces cuando un pensamiento mágico se asoma por mi mente, recuerdo que te quise y que en alguna parte podría estar queriéndote, y espero que en ese lugar, tu también estés queriéndome a mí.

pensamiento magico psicología amor desamor soledad universos paralelos

San Valentín.

De: Mí

Para: Tí

Asunto: ¿San Valentín?


No sé por qué te escribo este correo, tampoco sé por qué albergo esperanzas de que lo vayas a leer, cuando sé que debes haber cambiado de cuenta hace mucho tiempo… Pero es San Valentín, y sabes que nunca he podido evitar expresarte lo que siento.

¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te ví a lo lejos, con pantalones negros y tus rulos castaños cayendo desordenados sobre tus cejas y en ese momento se me hizo un nudo en la garganta, porque sabía que, a pesar de no creer en la magia, ese encuentro era el destino…


Te hablé, o lo intenté, recordarás lo torpe que fui con las palabras esa vez, intentando que comprendieras lo importante que era para mí ese encuentro.

Luego, nuestro primer beso… De las mejores sensaciones que he tenido en mi vida, no he vuelto a besar a nadie como a tí… Tampoco a abrazar a alguien como te abrazaba…

En fin, este mensaje es para decirte lo obvio, que te extraño, con locura, como jamás había extrañado nada en mi vida. Y extraño esos días en los que sabía que mi probabilidad de tenerte era más alta que la de hoy.


Pero ya no es así, ya no somos así.


Y duele, duele porque me enseñaron que el amor es para siempre, pero el nuestro duró unos meses, enseñándome que a veces cuando amas a alguien, debes dejar que se vaya, aún cuando entre sus manos aún agarra tu corazón destrozado.


No diré que no guardo rencor, pudimos terminar las cosas de mejor manera, pero de todas formas, agradezco haberte conocido y que fueras mi primer amor, porque me enseñaste que aunque no todas las historias tengan un final feliz, se puede ser feliz antes del final y también al recordar.

Espero que hayas tenido un buen San Valentín… Y albergo la esperanza de que, aunque fuera por un instante, pensaste en mí, como yo pensé en tí.

sanvalentin relacion amorosa amor y dolor amor notas de amor desamor

Harta.

Estoy harta otra vez de todo lo que me rodea

De los árboles de las personas, también de las tareas

Harta estoy, no importa lo que haga

Mi corazón me aprieta y siento como estalla


Estoy harta otra vez de sentirme enojada

De tener rabia con otros

De tener pena acumulada

De estar esperando que el caos me invada

Harta estoy de callar con la cara empapada.


Estoy harta, harta de todo, harta de mí

Estoy harta también de tí.

Estoy harta de estudiar y también de no hacerlo

Estoy harta de no entender y también de entenderlo


Estoy cansada de estar harta

Estoy harta de estar cansada

Pero sobretodo estoy agotada

De sentirme siempre ahogada


¿Cuando voy a dejar de estar harta?

¿Cuando voy a dejar de explotar de la nada?

Quiero paz y quiero calma

Quiero dejar de sentirme harta.

angustia tristeza cansancio escrito poema miedo ansiedad calma amor

Lo tengo todo.

Me criaron para siempre agradecer porque supuestamente lo tengo todo, tengo una familia que me quiere, un techo, cama y comida en la mesa, puedo tener educación y me puedo divertir con mis amigos cuando quiero… Y lo agradezco, porque lo tengo todo y hay personas que no tienen nada…

Pero a veces me pongo a pensar, cuando por ejemplo discuto con mis seres queridos al punto de que me llegan a insultar, que no tengo nada ¿Por qué? Porque ese techo se vuelve frío, esa cama es incómoda y me da miedo estar en mi habitación, esa comida ahora no aparece en la mesa, si no en un plato sólo, mientras como solo, y ese amor familiar que tengo, no lo siento, se transforma en odio y muchas veces también en una violenta culpa, de algo que muchas veces no es mi culpa.

En esos momentos, no tengo nada, no tengo dónde volver, ni alguien con quién hablar… No tengo un abrazo que tomar. Soy yo, solo yo, en el frío, esperando a que alguien se digne a perdonar cuál sea el pecado tan grande que cometí, y pueda volver a entrar a un lugar cálido, con personas cálidas

Y aún cuando estoy llorando, tiritando por los gritos que se escuchan en una casa llena de amor filial, debo agradecer, porque lo tengo todo, tengo una casa, tengo un techo, tengo una familia que me ama, tengo comida en la mesa…

Pero aún teniéndolo todo, muy dentro de mí sé que no tengo nada.

historia noches tristes llanto familia original reflexión cosas que escribo

El último baile

Las luces me cegaban y la música clásica llenaba mis oídos con dulces y armoniosas melodías para bailar. Las pareja giraban, saltaban y revoloteaban a mi alrededor mientras yo, en medio de la pista de baile preparada para ese evento, lo buscaba a él. 

El vestido me pesaba, los zapatos me apretaban y el peinado que me habían hecho horas atrás comenzaba a hacer que me doliera la cabeza lentamente. Nunca me gustaron los eventos masivos, de hecho muchas personas creían que no era muy agradable mi personalidad porque prefería los eventos con pocos invitados, de día, y sin tantas formalidades. Nunca iba a entender por qué la etiqueta exigia que me vistiera con ropa incomoda y usara peinados dolorosos y pesados, imposibles de sacar facilmente. 

Pero para ser honesta, lo que más odiaba de ese baile, no era la ropa, ni las luces, ni la cantidad de quorum descomunal… Odiaba estar ahí, porque tenía un mal presentimiento, esos sentires que dan en el estómago, con los que sabes que algo malo podría pasar en cualquier momento. 

Mi estómago dió un vuelco al verlo a él, de perfil, con un precioso traje azul marino con encajes dorados, y su pelo azabache peinado hacía atrás. La razón por la que había asistido a ese baile, que también era el autor de mis latidos y la motivación para salir de mi zona de confort. Me acerqué a él y tomé su mano, ambos teníamos guantes, él blancos, yo burdeos, que combinaban con mi vestido, y nuestros dedos se entrelazaron con amabilidad y cariño. 

Terminó la conversación que mantenía con un grupo reducido de personas y me miró. No necesitó decir una palabra para que yo entendiera que me estaba pidiendo permiso para bailar. Con una sonrisa asentí. 

En la pista de baile me sentía ligera, entre sus brazos el dolor de mi cabeza se había esfumado y ya no sentía los zapatos apretarme. Dabamos giros y nos abrazabamos cada tanto, habíamos estado enamorados por más de 10 años, y ese sentimiento jamás se volvió menor. 

De un minuto para otro, sentí el corazón agitado, la exaltación de mi cuerpo tuvo razón de ser cuando escuché los gritos de los invitados presentes y observe las muecas de asombro en cámara lenta mientras nos miraban a mí y a él. 

Él, que yacía en el suelo de mármol, intentando a bocanadas hacer que el aire entraran a sus pulmones. Mientras yo me tiraba al suelo donde estaba él, para tomar su rostro y procesar la imagen que estaba entrando por mis ojos. 

Ya no había música, las parejas habían dejado de bailar, los zapatos ya no los tenía, el dolor de cabeza había desaparecido, y mi vestido burdeo se mezclaba con el rojo carmín que salía de la herida de su costado, hecha por un puñal, que hasta el día de hoy no sé de dónde salió. 

Ya no había música, pero habían murmullos, y se escuchaba un grito de desesperación a lo lejos, que al parecer salía de mi gargante. 

Ya no había música, ni la habría nunca más, porque ese fue el último baile al que asistí en mi vida. 

amor historia oneshot triste angustia escrituras escritos tumblrpost artists on tumblr royal baile

Heridas de niño.

Llevo dos días llorando en la noche por recuerdos que jamás creí que me seguían afectando. Ambos sobre mis años en la escuela. El primero me pasó cuando tenía 10 años supongo, quizás 11, me acuerdo perfectamente que mi salón era el último del pasillo. Me acuerdo de cuando estábamos chateando por messenger con él, y que me dijo que yo le gustaba, un domingo por la tarde: “Me gusta alguien que empieza con la letra T… Y termina con u…” Me puse feliz, me revolque en la cama esa noche emocionado… Pero pasaron los días, y todo se volvía extraño, cuando llegó el fin de semana nuevamente me dijo que ya no le gustaba, y que había vuelto con la chica con la que estaba antes que yo, que era sólo para sacarle celos. Ahora lo pienso y es casi como una novela, es ridículo, más aún para alguien que tenía 11 años, qué sabíamos nosotros de amar o relaciones.

Pero llegó el lunes, finalmente tuve que ir a la escuela aún cuando estaba triste y deprimido creo que por primera vez en mi vida, y luego conocí lo que era sentirse humillado. Me encontraba sentado en un rincón de la sala, abrazando mis rodillas, pensando en no llorar, y llegó una de mis amigas a preguntarme qué pasaba, le conté, me consoló un poco y salió del salón… A buscarlo, para traerlo frente a mí y decirle riendose: “Pero mira como lo dejaste, pobrecito”. Ahí entendí que si seguía triste en ese lugar, lo único que pasaría es que se reirían de lo que sentía.

Unos meses después, dije que me cambiaría de escuela, esperaba que mis amigos estuvieran tristes, porque yo sentía que los iba a extrañar, pero me dí cuenta que ellos no a mí, justo después del acto de fin de año, decidí hacer una fiesta de despedida a la que sólo llegó una amiga, había invitado a 8 personas… Y al día siguiente me llegó un mensaje diciendo “Espero que sí te cambies de colegio, porque si no lo haces serás un mentiroso, y nadie volverá a hablarte”

Recuerdo ese mensaje y caen lágrimas de mis ojos, no por mí yo actual, si no por ese niño de 11 años que aguanto esos tratos y se los callo, porque jamás nadie lo había tratado de esa manera, y realmente no sabía bien qué hacer ¿Se tenía que enojar? ¡No podía, eran sus únicos amigos! ¿Cómo los podía alejar? Aunque claro, ellos ya estaban lejos desde hace mucho tiempo.


Hoy, 15 años después, me encuentro llorando en mi habitación con un sentimiento amargo, porque no me supe defender y actualmente sé que nadie querrá tomarle importancia a mi herida del pasado. ¿Por qué no tenemos la libertad de compartir esas anécdotas incómodas y dolorosas que quizás no son terribles para algunos, pero que rompieron nuestros corazones de niños? ¿Por qué nos empeñamos en ser adultos, escondiendo ese niño abrazando sus rodillas en una esquina de nuestro corazón? Estoy harto de que llorar en la oscuridad de una habitación se haga más una costumbre que una elección.

original cosas que escribo triste recuerdos reflexión artists on tumblr tumblr tumblrpost


Indy Theme by Safe As Milk